Susurros traen tu noble nombre,
Castilla del viento;
Soledad puebla tus tierras,
Castilla del tiempo.
Ecos de antiguas gestas golpean tus caminos,
caballeros que lucharon tu honra...
-¡Los ojos lloran al escribirte!-
Gloria y fama, se lo llevaron en sus alforjas.
Todos te abandonaron,
mas el cielo siempre estuvo ahí.
Largas penas pasaron,
fueron los rastrojos los que cuidaron de ti.
Las gentes rasgaron las manos,
polvo y sangre encontraron los terrones.
¿Qué buscaban? Pan, vida, ¡¿nada?!
Tierra eterna de labradores.
Tierra olvidada,
antaño, tierra de reyes,
tierra del pueblo,
tierra sembrada por bueyes.
¿Quién ha de escucharte para que existas?
Despierta, Castilla.
Alguien está gritando,
alguien, en tus campos de manzanilla.
La niebla duerme sobre las llanuras
y entre los pinares un águila vuela.
Y el cantar de una dulzaina mi alma llena...
¡Castilla! -le digo- ¡Castilla, no te mueras!