A veces una espada,
a veces unos ojos,
a veces una bala,
atraviesan mi pecho.
Siempre son los mismos.
A veces una daga
¡a veces unos labios!
...
cortan mis manos,
se hunden en el pecho,
ciegan mis ojos...
y el verde es verde para siempre.
A veces no queda
ni una sola lágrima,
las lunas no pueden girar,
y el aliento negro de la noche
cubre los espejos.
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