domingo, 11 de noviembre de 2018

Efigie

Río que lleva aguas claras,
destellos de perla,
y un pozo cercano
que es negro y que traga,
que es profundo y susurra.
Allá, no muy lejos,
campo de avena suave,
resplandeciente sol,
y una corriente que peina
a su paso la hierba,
ungida por mil tormentas.
El vasto escollo
-y el granito que lo nutre-
simula rudeza
y divide las luces.
Dos golondrinas convidan
a una mariposa
de la color de la sangre
a volar y posarse;
a jugar y perderse;
a morir y apagarse.
El cervatillo pardo
que estaba encerrado
se asusta y huye,
se libera y arde.


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A veces una espada, a veces unos ojos, a veces una bala, atraviesan mi pecho. Siempre son los mismos. A veces una daga ¡a veces unos labios!...