Tiempos de velada calma
que cae entre las ilusiones
y se enreda en los viejos miedos.
De los ojos tan salpicados
en lágrimas de esperanza
al brillo de lo que será
-o no será-
mañana.
Tiempos de sentir la paz
que temblar hace el cuerpo
y del tren las frías vías
que permiten el traspaso
de las emociones que no sirven
rodando por las ruedas.
Río, mar,
fin, nada.
Y a la mañanita aún más clara
recordar insignificantes cosas.
En esa lucidez del día
no ha mucho descubrí
que la vida corre,
que su luz acompaña.
Al tiempo,
alas.
Volar como pájaros sobre el firmamento; volar como palabras que lleva el viento
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